Candy Land
Una espera. La soledad se llena con un juego que se repite una y otra vez: gestos que mantienen protegido y en perfecto orden el mundo interior del personaje.
No sabemos cuándo comenzó esta historia, pero sà sabemos cuándo termina. Un lobo aúlla y el mundo se desmorona. Llega un tiempo sin tiempo y un espacio árido donde una vieja transita evocando sus recuerdos: de niña, de mujer, de vieja, de niña-mujer.
Este espectáculo de teatro se construye a partir de una dramaturgia escénica en la que textos, acciones e imágenes combinan sus lenguajes para contar los retazos de la historia de una mujer —¿o de muchas?— que recuerda, una y otra vez, el momento en que perdió la inocencia.




