MEMORIAS DE UN RÍO SAGRADO

Por entre los cerros tutelares corría el río Neuquén Tensacá : dando vida, alimento y sentido al territorio de los Muiscas.

Las mujeres entraban al río para dar a luz.
Los jóvenes ofrendaban sus trenzas, esmeraldas y mantas tejidas.

AL RÍO LE IMPUSIERON EL NOMBRE DEL ARZOBISPO QUE LO ENCERRÓ

Fray Luis Cárdenas Zapata, segundo arzobispo de Santa Fe.

Lo primero que hizo fue prohibir el acceso al río ocupando sus riveras donde estableció sus propiedades con capillas y haciendas de su propiedad.

Puesto que ahora él era el señor, cambió el nombre del río a “Arzobispo”.
Se tomó tan en serio la herejía indígena que le apodaron el “Perseguidor de ídolos”.

Formó a sacerdotes que aprendieron lenguas nativas como el chibcha para erradicar la idolatría.


EL RÍO CANALIZADO

Con la modernidad el río fue sometido a la alteración del curso natural perdiendo curvas y meandros  obligado a fluir en línea recta para dar vía a calles y carreras.

El río que daba alimento y vida al pueblo muisca fue convertido en el caño de aguas negras que se suponía debía tener toda ciudad civilizada. 

En sus márgenes surgieron barriadas obreras como: El Carmelo, La Constructora y el sur de Mariscal Sucre, habitadas por trabajadores vinculados a estas actividades.

Muchas familias de estos trabajadores vivían en terrenos asociados a antiguas haciendas, como la Hacienda El Paraíso de Francisco Montaña, donde se desarrollaban labores de madera, cultivos de eucalipto y oficios urbanos.

Para sus pobladores, el río no separaba el trabajo de la vida cotidiana: los articulaba.

 

EL RÍO URBANIZADO

En 1930 se planteó la necesidad de construir un barrio con alcantarillado para responder a la demanda de familias pudientes de la creciente Bogotá

El río canalizado, contaminado, enterrado, fue cayendo en el olvido de los vecinos que lo evitaban por ser un foco de inseguridad y de insalubridad.